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   HACERSE HOMBRE
Hacerse Hombre

Los varones y las niñas no son tan diferentes durante los primeros años de vida. Es más, los varones pueden llegar a ser mucho más sensibles emocionalmente.

Es evidente en la mayoría de ellos que son más expresivos, lloran con más facilidad, se frustran rápidamente y parecen ser más dependientes de la presencia de la madre. Alrededor de los dos años, los pequeños ya reconocen quién es varón y quién es niña. Pero recién alrededor de los 4 o 5 años, su conducta cambia. Es la edad en la que comienzan a socializar con otros niños, y las presiones culturales dejan sus huellas. La mayoría comienza a ir a la escuela, y también los otros niños evidencian su peso al tratarlo con desprecio cuando su actitud puede interpretarse como afeminada.

Para la mayoría de los niños, hacerse hombre significa sencillamente no ser mujer. Es decir, mientras las niñas se definen por su feminidad, por su capacidad de comprensión, por su habilidad para conectarse con los demás y ser consideradas, los niños se definen por lo que no son: no ser débiles, no ser vulnerables emocionalmente, o no ser dependientes, parece ser la fórmula de masculinidad que les espera.

Una de las cualidades más importantes de la identidad masculina es la exigencia del distanciamiento de la madre. Para no ser llamado “niño de mamá”, o para no emular características femeninas, los niños se desconectan de su mamá, y con ello, de partes de si mismo y de su habilidad para relacionarse con los demás.

Uno de los mitos más comunes es el que adjudica la homosexualidad a la conexión emocional del hijo varón con su madre. Incluso, este malentendido continúa vigente en muchos países latinoamericanos. Otros adjudican la agresión en el varón a la sobre compensación como reacción a una madre afeminizante. Sin embargo, no existe ninguna evidencia de esta teoría. Los hijos varones, incluidos aquellos que son educados por madres solteras o lesbianas, no son menos masculinos que aquellos que son educados por sus papas. Muchas veces este criterio errado proviene del entendimiento que las madres son cariñosas y demasiado complacientes, mientras que los padres son los que establecen la disciplina para hacerlos hombres. Pero esta hipótesis tampoco tiene fundamento, ya que la mayoría de los papás que viven en la casa con los hijos sólo disponen de once minutos al día para ellos, los que mayormente se emplean jugando, según estadísticas recogidas recientemente. Por lo tanto, son las mamás quienes establecen los límites, ya que son ellas quienes comparten más tiempo con sus hijos.

Algunas veces, el niño aprende de otros varones de la familia a despreciar a la mujer. Cuando un niño rechaza a su mamá porque “es sólo una mujer”, establece una competencia de poder, y desvaloriza a su madre mientras deprecia el concepto de la mujer. Estos niños, por lo general, tienen serias dificultades para relacionarse a nivel emocional con los demás, como también anulan su propia vida emocional al desconectarse de su propia madre.

Para hacerse hombre, si hacerse hombre significa madurar, el niño necesita de su mamá, no sólo de pequeño, sino a través de los distintos estadíos de su evolución, para poder reemplazar las formas de relacionarse que aprendió de niño, por aquellas más maduras de conexión emocional con los demás, en lugar de suprimirlas.

Dra. Ana Nogales - Orientación Psicológica para la Familia Latina

 
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